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Solitud (1905)

por Jordi Castellanos

Solitud (1905) presenta la trayectoria de una mujer joven, Mila, recién casada, que sigue al marido en la aventura incierta de tomar posesión de una ermita en la montaña. Sensible, inquieta, pronto irán saliendo los escollos que le demuestran que los ideales de una vida tranquila son un puro espejismo, que la medianía no es posible porque la personalidad humana es inestable y sólo tiene dos vías: o volver a los orígenes, hacia la anulación, o avanzar hacia la propia afirmación, con todo lo que este acto de rebelión implica.

La voz narrativa, desde una focalización interna, muestra la diferencia entre la realidad y la percepción, porque es en este punto donde se revela uno de los ejes argumentales de la obra: poner de manifiesto la cara oculta que se esconde tras las apariencias. Se trata, en cierto modo, de una novela de aprendizaje, pero más que la adquisición de experiencia, la protagonista avanza hacia la comprensión de la realidad como un bosque de símbolos que deben ser interpretados. Es la lección que le da el pastor y que Mila no captará hasta el último momento, cuando ya será demasiado tarde.

La dimensión cósmica de la obra viene representada por San Ponç, el patrón de la comarca, dual y ambiguo, que genera desconfianza. Símbolo de la fertilidad, tiene su ermita natural en el Bram, la fuente de dónde nacen las aguas sanadoras y dónde Mila hace un gran ruego. Con el marido negado, le toca moverse entre dos otros personajes cargados de significación: el Pastor y el Alma. El primero es el elemento sublimador, creativo (da nombre a las cosas, controla la realidad); el segundo es depredador, destructor, hasta el punto de matar el Pastor y acabar violando a Mila dentro de la ermita. Es la realización, cruel e inhumana, de aquel «gran ruego»: el triunfo de la vida universal, la constante y cíclica renovación cósmica que destruye el individuo por tal de renovar la especie. Es entonces que Mila se da cuenta de todo y toma su primera decisión libre: abandona el marido y la montaña. El equilibrio entre el espacio de la sexualidad, de la fuerza instintiva, y el espacio de la sublimación, del arte, ha sido imposible. Pastor í Alma formamos una dualidad irreconciliable. Optar es, no obstante, amputarse. Y esto es lo que hace que la vida humana sea una tragedia. La fuerza de Soledad es haberlo sabido plasmar en la más estricta cotidianidad. Por esta razón, se considera la novela más representativa del Modernismo, la que mejor compagina la dimensión simbólica con un detallado y sutil análisis del mundo interior de la protagonista.

Traducido por Miguel Ángel Muñoz Zammit
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